“Girasoles y Otros Personajes” Boris Ciudad Real

Boris Ciudad Real: La Cicatriz Numérica y la Poética del Desencanto

En la escena contemporánea del arte salvadoreño, pocas intervenciones logran amalgamar la frialdad estadística con la fragilidad humana de manera tan punzante como lo hace Boris Ciudad Real. Su exposición, centrada en la pieza monumental “12 Girasoles”, no es solo una exhibición de artes plásticas; es un ejercicio de disección social que utiliza el espacio institucional del Museo Forma como un cuerpo vivo sobre el cual operar.

12 Girasoles: La Geometría del Dolor Cotidiano

La pieza central, una intervención de 5 metros de largo por 1.50 de alto, desafía la naturaleza misma de la pintura al prescindir del pigmento. Aquí, el artista sustituye el pincel por el Dremel, sanjando la superficie del muro para crear una fisura de 0.2 mm de profundidad. Esta técnica no busca la ornamentación, sino la creación de una cicatriz sobre la robustez de la pared institucional.

Los “12 Girasoles” funcionan como un calendario del trauma:

  • La Anatomía del Dato: Los tallos y pétalos no están definidos por color, sino por hileras de cifras. Son números reales que marcan el acontecer diario: el conteo de homicidios, las subdivisiones de las pandillas, el incremento del combustible cada 3.4 días y el flujo incesante de emigrantes.

  • La Metáfora de la Erosión: A la distancia, estos números parecen una fila de hormigas que consumen la planta desde su base. Es una analogía poderosa de cómo la violencia sistémica consume la vida del país, transformando la belleza natural del girasol en una estructura esquemática y herida.

Al intervenir directamente el muro de un museo —espacio tradicionalmente sagrado y sublime—, Ciudad Real establece un diálogo provocador. La “sutil” huella del taladro sobre la pared es el reflejo de la marca indeleble que la violencia, tanto la callejera como la de “cuello y corbata”, deja sobre la psique de la sociedad salvadoreña.

El Lenguaje Lúdico como Refugio Crítico

Más allá del muro, la propuesta pictórica de Boris se adentra en un estudio de la estética infantil. Sin embargo, no hay inocencia en estos trazos, sino una honestidad brutal.

A través de representaciones lúdicas y elementos gráficos simplificados, el artista nos presenta un mundo de contrastes:

  1. Hombrecillos de Poder: Figuras con corbatas largas, símbolos de dominación y violencia política, que ejercen presión sobre el ciudadano común.

  2. La Corbata de “Helicóptero”: Una imagen surrealista que representa la única vía de escape: la huida hacia mundos abstractos como alternativa de salvación ante una realidad asfixiante.

  3. Narrativa de la Migración: Sus lienzos, envueltos en atmósferas desgastadas y envejecidas, funcionan como relatos del acontecer. La migración y las luchas de poder no son solo temas, son heridas expuestas que activan una revelación contradictoria entre lo concreto de la tragedia y lo abstracto de la esperanza.

Criterio del artista sobre la intervención “12 Girasoles” (Medidas: 5 mt. X 1.50 mt.) realizada en el muro de la sala de exposiciones temporales del Museo Forma  y sobre sus obras pictóricas.

Las cifras que van marcando el acontecer de la sociedad se pueden apreciar continuamente en las estadísticas de cualquier informe matutino. “12 Girasoles” es un reflejo de estos datos, los cuales denotan frías sumas y restas de las muertes que van aconteciendo a diario, los grados de violencia de todo tipo, el elevado costo de la vivienda, el trascendental número de emigrantes que se mueven cada año, o  las “simples” divisiones de pandillas en sub-grupos, aunque la sociedad solo las distingue como una sola.

Los dibujos que, simulan un girasol completamente estilizado, están realizados haciendo uso de las líneas y no se le aplicó ningún color. Esto fue logrado con un Dremel (taladro fino) que sanjó sobre la superficie de las paredes, creando una  fisura de 3 milímetros aproximadamente de ancho por 0.2 mm de profundidad, la cual aparenta una cicatriz sobre la “robusta” pared.

Con esta intervención tan provocadora sobre el muro de un Museo que es un ambiente institucional y sublime, pretendo generar en la reflexión del visitante una analogía  entre la “sutil” huella que van dejando los hechos nacionales de violencia callejera, o incluso las vestidas con cuello y corbata, sobre la frágil y continuamente marcada sociedad salvadoreña.

Los números, elemento dibujado a ambos lados de los tallos que conforman los girasoles, son datos reales como por ejemplo: los fallecidos que se encuentran a diario en el país, o la mara MS 13 + la mara 18 que en su totalidad es una sola, o los 0.26 ct que se incrementa la gasolina cada 3.4 días aproximadamente, el número de personas que emigran cada día o cada mes, así como el número que mueren en el intento, etc.

En ocasiones los números pueden llegar a aparentan una fila de hormigas que suben lentamente sobre la planta consumiéndola, de la misma manera que la violencia nacional consumen la vida del país.

Por otro lado está la propuesta pictórica la cual nace de un estudio realizado sobre los dibujos infantiles.

Estas representaciones lúdicas se apoyan en algunos elementos gráficos infantiles, los cuales muestran una fuerza impresionante en cuanto a la visión que tienen sobre su entorno.

Hombrecillos de largas corbatas, violentos y dominates, que obligan de alguna manera a los de corbata de “helicóptero” a salirse hacia un mundo diferente, de manera que -como única alternativa de salvación- deban huir de su realidad: ese mundo abstracto y surrealista en donde la intimidación no solo viene de pandilleros, sino muchas veces de quienes llevan las riendas políticas del país.

Palabras para catálogo de la exposición

 “El arte es la expresión de los más profundos pensamientos por el camino más sencillo.”

A. Einstein.

La espontaneidad y la honestidad son componentes valiosos dentro de lo que denominamos “actitud artística”. Boris Ciudad Real, aparece en el circuito del arte salvadoreño dentro de una nueva generación de plásticos que se aventuran cada vez más a trabajar con un vocabulario que originalmente no concierne a las Bellas Artes, y a la vez establece –con sutil armonía- un sincronismo entre esta nueva estética y su visión crítica sobre el entorno. Tal coherencia en su evolución refrenda su valor como creador, llegando por consiguiente a recibir el mayor beneficio la obra misma.

Dentro de las estrategias más utilizadas para conformar dicha estética está la apropiación de herramientas de otras disciplinas como son la de los diseñadores y los caricaturistas, donde la simplicidad de la composición y la síntesis en las formas aparecen para dar oportunidad a un mar de interpretaciones.

Sus obras realizadas sobre lienzo refulgen dentro de una atmosfera gastada, envejecida a voluntad, llegándose a convertir en abstractas, activando con ello una verdadera revelación contradictoria entre los mundos: concreto y abstracto en aras del reclamo por los derechos humanos. Por otra parte, los temas de la migración, la violencia, las luchas entre bandos por el poder económico o político, la niñez, son tratados no como tácitas representación sino como relatos del acontecer, con una narrativa que nos induce a pensar en múltiples situaciones.

Otra estrategia que apoya su propuesta estética está en su obra clave 12 girasoles, intervención realizada sobre uno de los muros del museo. La pieza mostraba 12 hileras ascendentes de sumas y restas de números que conformaban el tallo y seguidamente continuaban haciendo la flor de la planta. A un lado de la cadena de operaciones aritméticas se establecía una línea, bajo relieve, sin color, que reforzaba la imagen de la planta.  Con estas 12 figuras el artista pretendía simular los doce meses del año y la elevada cuenta de víctimas que van suscitándose mes tras mes en su nación debido a la violencia, o el número de personas que desaparecen en el medio de su aspiración por llegar a otro espacio del planeta donde encontrar una manera concreta de persistir en esta vida. Pero más allá de cualquier exégesis crítica o poética sobre la obra en sí, lo más excepcional en dicho acto creativo fue el soporte sobre el que trabajó: el muro del museo.

Nuevamente Boris remueve las bases de cierto segmento de la sociedad que hasta entonces habían visto en esos espacios un territorio estrictamente dedicado a la exhibición de obras consideradas dentro de los cánones de las Bellas Artes. Tal provocación al espectador intenta subvertir el sentido histórico que se había tenido hasta entonces sobre los espacios institucionales para el despliegue de actividades culturales en el país.

En este edificio, considerado patrimonio cultural, Boris propones dejar de lado lo solemne y abrir espacio a los nuevos planteamientos del arte: que se reoxigene el medio artístico, que no renuncie éste a su obligada misión social. Correspondiente con su tiempo se inspira en la utopía vanguardista de unir arte y vida, e incluso rediseñar la función de la institución y hasta cierto punto del mercado del arte.

Las constantes trasgresiones de sus creaciones son su mayor tributo a las artes plásticas, pues desacraliza al eurocentrismo y el dominio de una ideología de visión estrecha y determinativa que aún habita fuertemente en su medio. Sin dudas el concepto clásico de la historia del arte lo desmitifica para dar paso a otras maneras de contar historias: historias más próximas a su realidad, la misma que vive su público.

Su obra es la de quien ha llegado -a pesar de su corta edad- a conclusiones, de quien tiene un ideal claro y sólido. Una fuerte intensión de luchar por lograr la armonía no lo abandona: armonía tan necesaria para sentir el goce de existir: existir para si mismo y para los otros, dentro de una determinación generosa de compartir… compartir sentimientos que es en definitiva el sentido del arte.

 

 

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